11 de junio de 2009

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Yo quiero un rey negro

Por: Eduardo Torrico

Hace tiempo que vengo diciendo que quiero que los únicos ministros que
haya en el Gobierno de España sean hombres, blancos y heterosexuales.
¿Por qué? Porque es la única forma de poder criticar su gestión sin
peligro a que te tilden de machista, de racista o de homóbofo. Desde ayer,
además, quiero que el próximo rey de España sea negro. ¿Por qué? Pues
porque creo que es la única manera de evitar que se repitan sucesos tan
lamentables como los de Mestalla. La dictadura de lo políticamente
correcto nos ha conducido de forma irremisible al esperpento: en un partido
de fútbol chillar a un jugador negro puedo suponer la pérdida de dicho
partido y/o la clausura del estadio donde se juega. Pero chillar al
primero de los españoles y berrear durante la interpretación del himno
nacional es, al parecer, un sano ejercicio de libertad de expresión. ¡A
ver si chillando a un rey negro alguien llega a la conclusión de que hay
connotaciones racistas y decide tomar medidas de una puñetera vez!
Estoy indignado no tanto por el aquelarre separatista de anoche en
Mestalla como por las manifestaciones de un imbécil al que han convertido
en portavoz oficial de la Federación Española de Fútbol. Entrevistaba a
este imbécil el pasado martes José Antonio Abellán en la COPE y le
preguntaba por si se habían tomado medidas para evitar los insultos al Rey
y los berridos al himno nacional. Y decía el imbécil que no, que cada uno
es muy libre de expresarse como crea conveniente. Por eso, cuando vuelta a
haber insultos a un jugador negro en un campo de fútbol español, espero
que salga este imbécil (repito, portavoz oficial de la Federación Española
de Fútbol) y diga que cada uno es muy libre de expresarse como crea
conveniente.
Soy español. Y no sólo soy español, sino que me siento más español que
nadie. Pero a veces me da vergüenza ser español. Anoche fue una de esas
veces. Todo el mundo es muy libre de expresarse como crea conveniente,
siempre y cuando, claro, sea contra España. Si alguien se le ocurre decir
algo contra alguno de los símbolos del nacionalismo catalán o del
nacionalismo vasco, ¡qué Dios nos pille confesados! Sin embargo, injuriar
al Rey, a la bandera o al himno nacional (delitos todos ellos tipificados
en la propia Constitución) es, repito, un sano ejercicio de libertad de
expresión.
Siento envidia de los franceses. El pasado 15 de octubre, Francia disputó
un partido amistoso con Túnez en el Stade de France. Miles de los
seguidores tunecinos que acudieron al estadio se dedicaron a silbar
durante la interpretación de La Marsellesa, el himno nacional francés. La
reacción del primer ministro galo, François Fillon, no se hizo esperar: a
partir de ese momento, cada vez que se silbe el himno nacional, se
suspenderá automáticamente el partido, por constituir una falta de respeto
y de consideración a toda la nación.
Pero , ya se sabe, los franceses tienen mucho que aprender de los
españoles. Los franceses no saben qué es eso de "libertad, fraternidad e
igualdad", ni tienen una larga tradición democrática como tenemos los
españoles. Además, en aquel país no están acostumbrados a vivir con gente
de otras razas ni de otras religiones ni de otras culturas.
Por eso son tan intolerantes y se cabrean tanto cuando alguien abuchea a
su himno nacional. Nosotros, los españoles, sí que les podemos dar por
suerte lecciones de tolerancia y de libertad de expresión. Y de paso,
igual les podemos traspasar a alguno de los muchos imbéciles que nos
sobran por arrobas.

Es que lo del partido de Mestalla fue de verguenza, yo como español me sentí indignado.

Un abrazo

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