La semana que ha concluido, ha sido peculiar, en varios sentidos. Así, sin pensarlo ni esperarlo, he tenido dos cenas seguidas (jueves y viernes). Ámbas dos estupendas, con buenas vibraciones y sin ganas de estar pendiente del reloj, por lo que la llegada a casa creo que fue a "y cuarto". Después de la reunión con amigos, frente a unos buenos platos de comida (demasiado para la cena), regados con un buen "rioja" y como no, postres caseros, café y los obligados orujos para intentar bajar la cena.
A parte de esta pequeña (igual no tan pequeña) salida de la rutina diaria, el resto de la semana ha pasado sin grandes sobresaltos. Trabajo, vinitos, amigos, suegra, madre y lo de costumbre, eso es un paseo por el pueblo, bien acompañado. Hasta que el domingo por la noche terminó como no podía ser de otra manera, con la boda del Luisma, para dormir contento y de buen humor.
A parte de esta pequeña (igual no tan pequeña) salida de la rutina diaria, el resto de la semana ha pasado sin grandes sobresaltos. Trabajo, vinitos, amigos, suegra, madre y lo de costumbre, eso es un paseo por el pueblo, bien acompañado. Hasta que el domingo por la noche terminó como no podía ser de otra manera, con la boda del Luisma, para dormir contento y de buen humor.











